Grandes viajeros LUIS VAEZ DE TORRES En la historia de los grandes viajeros hay nombres que brillan con luz propia  y, cuyas hazañas, han trascendido las culturas y las fronteras en  reconocimiento a sus logros. Otros, sin embargo, han tenido menos fortuna y  su nombre ha pasado desapercibido para las generaciones futuras. Tan sólo  en algunas ocasiones el azar ha conseguido arrancarlos del anonimato y  darles el puesto que merecen en la historia.  El primer europeo en pisar suelo australiano fue el capitán James Cook, el  gran navegante inglés que desembarcó junto a sus hombres en la bahía de  Botany. Sin embargo, el recorrido por los mares australes había tenido 163  años antes un protagonista casi desconocido, el almirante Luis Vaez de  Torres. En el año 1607 el marino español dirigió al rey de España un manuscrito en el  que relataba su viaje a los Mares del Sur. El documento, que nunca fue  cursado a la lejana Castilla, quedó olvidado en los archivos coloniales de  Manila. Allí fue encontrado por el capitán Cook, quien doce años más tarde  comprobó con estupor la exactitud de la portentosa hazaña de Vaez de Torres.  En esencia el documento señalaba que el virrey del Perú había armado por  cuenta del rey de España una flota de 3 barcos y 130 hombres en el año 1605.  Aquella flotilla se había dirigido al inmenso Mar del Sur con la intención de  alcanzar la famosa tierra austral que se suponía que sería un gigantesco  continente situado en el sur del globo terráqueo, con instrucciones de fundar  allí colonias e iniciar su conquista, como cien años antes habían hecho en  América los abuelos de aquellos marinos.  Los viajeros recorrieron en su periplo numerosas islas, unas habitadas y otras no.  Tuvieron que soportar tempestades, hambre, sed, peleas a bordo y luchas contra  las tribus de las islas. La situación se hizo tan insostenible que tuvieron que virar al  norte en busca de resguardo sin conseguir arribar a puerto conocido. La  expedición terminó recalando en un lugar al que llamaron Australia del Espíritu  Santo. Cincuenta días después dos naves huyeron dejando a Torres junto a  cuarenta de sus hombres, a 10.000 kilómetros de Lima y 5.000 de Manila, en  medio de la nada de un océano completamente desconocido.  Los hombres al verse solos decidieron seguir hacia las Molucas y más tarde a las  Filipinas. Los vientos y las corrientes les impidieron seguir este rumbo por lo que  decidieron bordear Nueva Guinea por el sur recorriendo la larga barrera de  arrecifes de más de 1.000 kilómetros que rodean la costa australiana, todo ello sin  saber donde iban, sin mapas y sin más orientación que su imaginación y el cielo  estrellado. Finalmente Torres consiguió llegar a Manila donde escribió la carta que  el marino inglés pudo leer.  Cuando Cook llegó en 1776 a ese punto en que casi aparecen a la vista las  costas australianas, al sur, y de Nueva Guinea, al norte, atravesó el estrecho  de corales y anotó en sus cartas de navegación un nuevo nombre para la  geografía, un nombre que rendía tributo a la epopeya de un marino español  que ya había surcado esas aguas 100 años antes. Le llamó estrecho de  Torres. Conocer Francia