REPORTAJE Anterior Mývatn, la Islandia más inhóspita Si usted es uno de los agraciados que conoce Islandia, coincidirá en que  aquella gran isla del norte atlántico bien puede ser un lugar de ensueño.  Una tierra donde todo es joven y nuevo, de ahí el derroche de energía y  fuerza que se desprende por cualquier zona de la isla. Sin embargo, una de  sus regiones, la de Mývatn, acapara un atractivo especial. Es, sin duda, el  encanto del norte más inhóspito. Hay que vivirlo. Islandia es sinónimo de Naturaleza. Es como un gran paraíso donde todos  los elementos se manifiestan en su estado más agreste y puro. Después de  recorrer sus vastas e imponentes regiones, el viajero extraerá una única y  emocionante experiencia: "el edén está aquí, si alguna vez existió". Allí,  como digo, el principal protagonista es la naturaleza; una naturaleza que en  ocasiones parece delicada y frágil, y en otras, poderosa y sobrecogedora.  Volcanes, lava petrificada pero todavía humeante en algunas zonas de la  isla; agua a raudales, en forma de caudalosos ríos, inmensos lagos o  devastadoras cascadas; hielo concentrado en sus imponentes glaciares,  con espesores de hasta 1.000 metros como el caso del Vatnajökull; o su  aire y atmósfera, que ofrece un clima cambiante cada quince minutos. Son demostraciones de cómo convergen las fuerzas telúricas  por aquellas latitudes. La fascinación de lo inhóspito  Y precisamente una de esas regiones que conforman un área, un paisaje y unas  formas de vida únicas es la del Lago Mývatn (agua de mosquitos), al norte de la  isla. Es un amplio territorio en el que en menos de 100 kms. a la redonda se concentra  el mayor número de agentes geológicos por metro cuadrado de todo el mundo.  Contemplar ese extraño, pero a la vez embriagador paisaje, en el que la vista se  pierde en el azul horizonte, supone regalarle a nuestros sentidos, y en especial a la vista, uno de los más grandes placeres. En Mývatn el visitante quedará atónico por  lo que contemplan sus ojos. Desde volcanes, como el Krafla, cuyos alrededores  permanecen activos y en la que se tiene ocasión de andar entre fumarolas, fuentes termales, pozos de barro en ebullición, o coladas de lava aún incandescentes;  hasta pequeños glaciares y tranquilos y pacíficos pueblos pescadores, donde aún  sus habitantes dependen y viven de esta ancestral actividad, o incluso presenciar  el poder devastador de la fuerza del agua en forma de sobrecogedoras cataratas.  Además, sumando, a todo, la leyenda y el mito que en sus gentes todavía forma parte de su quehacer cotidiano. Un cúmulo de sensaciones y vivencias aunadas para configurar el ambiente más extraño, pero, a la vez, más encantador que jamás  un viajero puede experimentar en la actualidad. Por esa región no es de extrañar que el visitante, si no va en un grupo numeroso,  puede tener la grata sensación de que está explorando y no visitando. Son varios los enclaves importantes de esta zona, aunque su lago (Mývatn), que da nombre a la región, es unos de los principales  protagonistas. Sólo ver su extensión plana y salpicada en sus alrededores por pequeñas elevaciones de terreno, en su mayoría  volcanes extintos, es todo un espectáculo para nuestros ojos. El área donde se ubica esta porción de agua está catalogada por los  científicos como una de las zonas volcánicas más activas del mundo. Con sus 37 km2 de superficie y tan sólo de uno a cuatro metros  de profundidad este lago y su contorno conforman una gran reserva natural en la que habitan un buen número de especies. Asimismo, es, por excelencia, el mayor espacio de reproducción de aves acuáticas de Europa. Entre volcanes y cascadas  Muy cerca de las aguas del lago se encuentra la única población de este entorno, Reykjahlio, desde donde se pueden contratar  excursiones, a pie o en bici, para hacer un itinerario por las fuentes termales que rodean el lago. Una de las rutas recomendadas es la  que contempla el ascenso al cráter del Hverfjall, desde donde se obtiene la mejor de las vistas de la región. Tampoco podemos pasar  por alto ir hasta las formaciones rocosas con imágenes fantasmagóricas de los campos de lava de Dimmuborgir, un recorrido donde el  visitante se mueve por caminos rodeados de chimeneas humeantes. Al norte de la población de Reykjahlio se encuentra el volcán  Krafla, un ejemplo, de los muchos de esta zona, de actividad volcánica. Otro de los atractivos naturales que pueden disfrutarse en esta región es escuchar el ensordecedor ruido y la devastadora fuerza del  agua, que, a manera de impresionantes saltos, nos da una idea del respeto que hay que tener a estos cursos fluviales cuando se  precipitan desde las alturas. Entre las cascadas más conocidas de la región de Mývatn encontramos la Dettifoss, la más caudalosa de  todo el continente europeo, cuya corriente, originada por el río Jökulsá, cae por un desnivel de más de 40 metros cuando llega a este  punto. Más al oeste del lago tenemos otro ejemplo de estos saltos impresionantes del líquido elemento. Se trata de Godafoss (la  cascada de los dioses) que a diferencia de Dettifoss, encajonada en una gran grieta, ésta forma un gran semicírculo en el que se  puede apreciar claramente la acción erosiva del agua. Sin duda, más que un viaje, se trata de una genuina experiencia a un territorio distinto a lo que se conoce. Como colofón hay que vivir  una travesía en alta mar a bordo de un ballenero. Para ello hay que ir hasta el pueblecito de Húsavik. Si se acercan, les aseguro que  es viajar en el tiempo por lo menos 200 años atrás. Texto y fotos: José Alarcón Siguiente Conocer Francia